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Proyecto Migración transnacional, inserción laboral y ciudadanía. El caso de Cochabamba (1985–2010)

El proyecto pretende estudiar los procesos migratorios transnacionales cochabambinos.

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Los beneficios de la inmigración al estado de bienestar PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
RAQUEL MARTINEZ BUJAN

 LOS BENEFICIOS DE LA INMIGRACION AL ESTADO DE BIENESTAR

Mujeres inmigrantes en el sector doméstico de cuidados..

Claudia Flores llegó a España en el año 2004 con 35 años de edad. En Bolivia, su país de origen, dejó a su único hijo, Jonathan, que en el momento de su partida contaba con tan sólo siete años y de cuyos cuidados se ocupó su hermana. El objetivo de su proyecto migratorio era comenzar una nueva vida tras su separación y conseguir unos ahorros que asegurasen el futuro de su hijo. Entró al país como una inmigrante indocumentada y 

todavía no ha conseguido regularizar su situación. La ausencia de esta estabilidad jurídica imposibilita la convalidación de su título universitario y no le ha permitido buscar un empleo acorde con la profesión que desempeñaba en Bolivia, donde trabajaba como asistenta social. Sin papeles y siendo latinoamericana, la única actividad en la que encontró un empleo fue en el servicio doméstico. Su tarea principal era la de cuidar a una anciana de 92 años que estaba en una silla de ruedas. Su jornada laboral es de lunes a sábado en régimen de interna y su salario es de 575 euros. La tristeza que le suponía estar separada de su hijo provocó que a pesar de sus escasos ingresos decidiese traer a Jonathan a España en el año 2006. Este nuevo gasto le impide regresar a Bolivia en el tiempo que ella tenía planeado por lo que permanecerá en España unos años más. En un futuro próximo, cuando regularice su situación, convencerá a su hermana para que se instale junto a ella.

Introducción


La experiencia de Claudia y su familia ilustra una de las características del flujo migratorio internacional que actualmente recibe España. Las mujeres se han convertido en actrices activas de su proyecto migratorio e incluso determinan el que debe seguir su familia redefiniendo los roles de cada uno de sus miembros. Ellas encabezan un nuevo modelo de migración trasnacional que comienza a gestarse en los años ochenta y desafía al sistema migratorio de la posguerra dependiente de las iniciativas masculinas (Morokvasic, 1984; Castles y Miller, 1993; King y Zontini, 2000).

A 1 de Enero de 2007 según los datos del Padrón Municipal de Habitantes residen en España alrededor de 2.124.000 mujeres extranjeras. Este número triplica a la cifra de seis años antes, en el 2001, cuando la presencia del colectivo femenino foráneo alcanzaba las 650.000 personas. Al comienzo de la década de los noventa, momento en el que España se instaura como un país receptor de inmigración (Izquierdo, 1992), el número absoluto de mujeres extranjeras rondaba la cifra de 180.000 personas, que se traducía en un peso de un  51,1% sobre el total de la población foránea (año 1991). Curiosamente el número relativo de la presencia femenina se ha rebajado desde esos principios de los años noventa, situándose en la actualidad en un 47,0%.

El vigor de los flujos migratorios masculinos de los últimos años ha provocado el descenso de ese porcentaje de mujeres extranjeras. No obstante, dicha cifra, no debe empañar el hecho de que parte de esta instalación masculina es provocada por la reagrupación familiar llevada a cabo por los miembros femeninos que migraron en primer lugar y se convirtieron en las cabezas de sus familias. Dicha situación es especialmente relevante para la población de origen latinoamericano cuya presencia siempre ha estado muy feminizada en España. Los últimos datos recogen que las mujeres agrupan al 54,6% de la población procedente de Latinoamérica pero desagregadas las cifras se observa una tendencia hacia la masculinización entre aquellas nacionalidades que llevan más tiempo instaladas en el país .

Las mujeres extranjeras se han visibilizado como agentes activos en el mantenimiento económico de los miembros del hogar y han sido sus decisiones las que han arrastrado a la familia a emprender una migración. A pesar de este supuesto “poder” como actrices de sus destinos en los países de acogida, tal y como queda de manifiesto con la situación de Claudia, las mujeres son importadas para emplearse como mano de obra barata en aquellas ocupaciones relegadas al sexo femenino y que sus homólogas nativas ya no están dispuestas a desempeñar. Es así como la principal actividad en las que se ocupan las mujeres extranjeras en España dadas de Alta en la Seguridad Social es dentro de la rama “Hogares que Emplean Personal Doméstico”. En esta actividad se ubican el 17,9% de las trabajadoras foráneas cuando dicha ocupación tan sólo representa al 1,0% de las mujeres nativas ocupadas.

La inserción de las mujeres inmigrantes en el seno de una división internacional del trabajo reproductivo debe considerarse un fenómeno global que en Europa atañe especialmente a España y a los países situados en el sur del continente (Grecia, Italia y Portugal). De hecho, aunque en nuestro país todavía sea un tema novedoso a investigar, fuera de nuestras fronteras se ha desarrollado una relevante literatura que analiza los flujos migratorios femeninos como un recurso de los países desarrollados para ocupar aquellos huecos que la inserción laboral de las mujeres autóctonas ha propiciado dentro de los hogares. Y no solamente para encargarse de las tareas básicas de limpieza del hogar, sino también aquellas actividades vinculadas al cuidado de niños, enfermos, mayores y discapacitados. Es así como han aparecido recientemente los términos de “criadas de la globalización” (“servants of globalisation”) acuñado por Rhacel Parreñas (2001), “cadenas globales de cuidado” (“global chains of affection”) utilizado por Hochschild (2000), y el de “mujeres globales” para referirse a las inmigrantes ocupadas como niñeras, enfermeras y criadas (Ehrenreich y Hochschild, 2004).

La irregularidad del servicio doméstico y su inserción en la economía sumergida hace pensar que las estadísticas no ofrecen datos fiables de ambas actividades . En España, todas las actividades relacionadas con el desempeño de las tareas reproductivas son contabilizadas a nivel oficial como parte del servicio doméstico sin diferenciar la variedad de ocupaciones que engloba dicho sector. Por lo tanto, las cifras no pueden recoger que, de forma paralela a la extranjerización del servicio doméstico se han modificado las actividades para las cuales se contrataba de forma tradicional una empleada de hogar. El cuidado de personas dependientes se está consolidando como la ocupación que inicia la trayectoria laboral de las mujeres inmigrantes en España (Martínez Buján, 2006).

Dicha actividad se realiza en la mayor parte de los casos como “trabajo doméstico” y se regula bajo las condiciones laborales, económicas y legislativas que existen para este empleo. El sector de cuidados dentro de los hogares carece, por lo tanto, de un marco legal propio por ser considerado como una actividad que se equipara con la de la limpieza de la casa. Esta carencia de entidad del sector de cuidados deriva en que no exista un nombre adecuado para denominar a esta actividad considerándose en todos los casos como “servicio doméstico”.

Este texto avanza en el intento de dotar de contenido el sector de cuidados a domicilio diferenciándolo del servicio doméstico y, por ello, se ha designado a este empleo como “sector doméstico de cuidados”. La finalidad de esta denominación es distinguir, por un parte, dentro del sector de cuidados aquella asistencia contratada a través de empresas privadas o proporcionada por ayuntamientos que aunque se realiza dentro del hogar de la persona afectada, tiene unas condiciones laborales diferentes a las que se circunscriben dentro del servicio doméstico. Por otro lado, este concepto también sirve para separar la actividad de “cuidar” de la tarea de “limpiar”, que a pesar de ser consideradas las dos como servicio doméstico y de regularse bajo los mismos supuestos legales, tanto la formación como la intensidad del trabajo es diferente en ambos casos.

Para la redacción de este documento se ha realizado un estudio cualitativo de los elementos que han incidido en la aparición del empleo de cuidados en el hogar como un nicho laboral para las mujeres inmigrantes latinoamericanas y de las características de esta actividad. La finalidad de entrelazar estos aspectos está relacionada con un interés en explicar cómo dicho empleo afecta a la condición del status de residencia de las mujeres inmigrantes, cual es la incidencia sobre su integración en la sociedad y en qué medida repercute en su situación de vulnerabilidad. El análisis se ha centrado en el estudio de cuidados destinados a las personas mayores por haber encontrado en el trabajo de campo evidencias de que cerca del 90% de las ofertas de asistencia personal en el sector doméstico de cuidados están dirigidas a este colectivo.

Además el presente capítulo se adentra en la relación entre inmigración y Estado del Bienestar. Analizando los beneficios para las familias españolas que contratan a domésticas cuidadoras se observa como la inmigración internacional desafía los canales de provisión de protección social entre el estado y el mercado. Se argumenta que el modelo migratorio que recibe España relaja las tensiones existentes en los hogares ante la ausencia de una política social adecuada de atención personal y el aumento de las mujeres autóctonas que participan en el mercado laboral formal.